
El poder político es el mayor problema de la Humanidad y los políticos son la peor pesadilla de nuestro tiempo. Viven como millonarios atiborrados de privilegios y tratan al ciudadano como el león trata a las gacelas: los caza sin piedad.
Las amnistías a cambio de votos, los impuestos abusivos, la desigualdad sangrante, los cambios de leyes para facilitar la corrupción, las arbitrariedades, la impunidad, el despilfarro y las mentiras, que son expresión de injusticia y violencia, crean un marco de suciedad y vileza política inigualable.
Cada día se atrincheran más en sus privilegios y se rodean de fuerza visible para imponer miedo. Su antigua alianza con los ciudadanos, plasmada en las democracias, está rota porque los representados ya no se fían de sus representantes y la figura del político provoca más miedo y odio que confianza.
En estas circunstancias, el papel de los servidores del poder (periodistas, sociólogos, asesores, guardaespaldas, etc.), encargados de fortalecer y blindar el poder, cobra cada día más protagonismo y fuerza como los grandes traidores que cuidan a los tiranos, miserables, corruptos y asesinos con poder.
Si antes de la Revolución Francesa los nobles y el clero gozaban de un fuero especial, ese mismo privilegio corresponde ahora a los ministros, diputados y senadores de las democracias, es decir, a la nueva clase dominante, a los nuevos amos. La lista de privilegios y fueros especiales parece interminable: autoridad, inviolabilidad, inmunidad parlamentaria, protección policial, acceso a información reservada, uso mafioso de recursos públicos, apoyo jurídico, aviones, vehículos, secretarias y dinero a chorros, ríos de dinero que han aprendido a esconder de los viejos controles de la democracia que ellos han prostituido.
La perversión ha llegado al extremo de que lo importante ahora no es quien vota o a quien se vota, sino quien cuenta los votos. Y siempre los cuenta el poder, al que le resulta fácil el fraude y la estafa.
La propaganda y el derecho, junto con la religión y la magia, fueron siempre, y siguen siendo, los grandes servidores del poder.
La propaganda, la defensa del poder del amo ante la sociedad, esa búsqueda del consenso que en la antigüedad realizaban sacerdotes y magos y en la Edad Media era ejercida por los autos de fe y los sermones de la Iglesia, corren hoy por cuenta de los medios de comunicación, capaces de realizar ese trabajo con mayor alcance y eficacia en un mundo globalizado y acostumbrado a recibir influencia mediática. El papel que ejercían antiguamente los pintores, inmortalizando con carácter ejemplarizante el boato de la Corte o las barbaries de los herejes, lo cumplen hoy los fotógrafos de prensa.
Pero gran parte de los medios de comunicación han sido comprados y pervertidos. Los editores y los periodistas han traicionado el deber democrático de servir al pueblo con la verdad y los inundan de mentiras y silencios que convienen a los poderosos. Después del político, el ser más sucio y despreciable del planeta es el periodista vendido.
Las teorías expuestas por Maquiavelo en El Príncipe crearon escuela y fueron incorporadas al derecho en los siglos XVI y XVII. Se establece entonces la equivalencia absoluta entre poder y derecho, lo que equivale a que el derecho queda sometido al poder o a la política. En este periodo aparece el concepto de "razón de Estado", cuyo creador fue Giovanni Botero: "En las amistades y las enemistades, los príncipes se gobiernan según les conviene. Y al igual que algunos alimentos de naturaleza insípida reciben sabor de la sazón que les da el cocinero, así también los príncipes, careciendo por sí mismos de propensión, se inclinan hacia esta o aquella parte, según se adapte al interés de su ánimo y pasión, porque, en conclusión, razón de Estado es poco más que razón de interés".
Desde entonces, la "razón de Estado" campea por el derecho y se entroniza como uno de los núcleos de la política. El político se rige por el criterio de que el Estado debe mantenerse y conservarse por encima de todo, sometiendo a ese principio cualquier otro valor o derecho. El jurista se coloca entonces, irremediablemente, al servicio del Estado y el derecho pasa a depender de la política. El liberal Tocqueville describe así la situación: "En todos los pueblos civilizados, al lado de un déspota que manda se encuentra casi siempre un jurista que legaliza y sistematiza la voluntad arbitraria e incoherente del primero. Al amor general e indefinido por el poder que sienten los reyes, los juristas unen el gusto por el método y la ciencia del detalle del gobierno, que ellos poseen de forma natural [...]. Cuando estas dos fuerzas se cruzan, se establece un despotismo que apenas deja respirar a la Humanidad. Quien sólo tiene la experiencia del príncipe y carece de la del jurista no conoce más que una parte de la tiranía. Es necesario referirse a ambas a la vez para comprender el todo".
Ante esta justicia injusta, el ciudadano justo debe sentirse indignado y luchar. Como decía Henry David Thoreau, "bajo un gobierno que encarcela a cualquiera de forma injusta, el lugar para el hombre justo también es la cárcel".
La España de Sánchez es el paraíso de la depredación política. un mediocre con ojos y comportamientos de psicópata se ha apoderado de la noble nación española, a muchos de cuyos ciudadanos ha pervertido, doblegado, manipulado, aborregado y envilecido, hasta convertirse en dueño absoluto de un poder sin respeto a la libertad que previamente ha asesinado toda vida en la deficiente democracia vigente.
Sánchez es uno de los depredadores más peligrosos del planeta, junto con Putin, Maduro, Raul Castro,, Daniel Ortega y los sátrapas tiranos de China y Corea del Norte, entre otros, pero Sánchez es el más hipócrita de todos y el que mejor ha sabido utilizar la mentira y ala propaganda para engañar a su pueblo y destrozar su nación.
Toda esta mala ralea de depredadores que se han olvidado del bien común y del interés general y ue se han aliado con lo peor de la Humanidad, desde los poderes ocultos al narcotráfico, para dominar al ser humano y acumular riqueza y poder, está destinada a luchar, durante todo el siglo XXI, contra la escasa y débil resistencia ciudadana, la cual, sin embargo, cuenta con armas tan poderosas como la verdad y la crítica feroz a los canallas.
No lo olvides: estamos viviendo en el "siglo de los políticos delincuentes".
Francisco Rubiales
Las amnistías a cambio de votos, los impuestos abusivos, la desigualdad sangrante, los cambios de leyes para facilitar la corrupción, las arbitrariedades, la impunidad, el despilfarro y las mentiras, que son expresión de injusticia y violencia, crean un marco de suciedad y vileza política inigualable.
Cada día se atrincheran más en sus privilegios y se rodean de fuerza visible para imponer miedo. Su antigua alianza con los ciudadanos, plasmada en las democracias, está rota porque los representados ya no se fían de sus representantes y la figura del político provoca más miedo y odio que confianza.
En estas circunstancias, el papel de los servidores del poder (periodistas, sociólogos, asesores, guardaespaldas, etc.), encargados de fortalecer y blindar el poder, cobra cada día más protagonismo y fuerza como los grandes traidores que cuidan a los tiranos, miserables, corruptos y asesinos con poder.
Si antes de la Revolución Francesa los nobles y el clero gozaban de un fuero especial, ese mismo privilegio corresponde ahora a los ministros, diputados y senadores de las democracias, es decir, a la nueva clase dominante, a los nuevos amos. La lista de privilegios y fueros especiales parece interminable: autoridad, inviolabilidad, inmunidad parlamentaria, protección policial, acceso a información reservada, uso mafioso de recursos públicos, apoyo jurídico, aviones, vehículos, secretarias y dinero a chorros, ríos de dinero que han aprendido a esconder de los viejos controles de la democracia que ellos han prostituido.
La perversión ha llegado al extremo de que lo importante ahora no es quien vota o a quien se vota, sino quien cuenta los votos. Y siempre los cuenta el poder, al que le resulta fácil el fraude y la estafa.
La propaganda y el derecho, junto con la religión y la magia, fueron siempre, y siguen siendo, los grandes servidores del poder.
La propaganda, la defensa del poder del amo ante la sociedad, esa búsqueda del consenso que en la antigüedad realizaban sacerdotes y magos y en la Edad Media era ejercida por los autos de fe y los sermones de la Iglesia, corren hoy por cuenta de los medios de comunicación, capaces de realizar ese trabajo con mayor alcance y eficacia en un mundo globalizado y acostumbrado a recibir influencia mediática. El papel que ejercían antiguamente los pintores, inmortalizando con carácter ejemplarizante el boato de la Corte o las barbaries de los herejes, lo cumplen hoy los fotógrafos de prensa.
Pero gran parte de los medios de comunicación han sido comprados y pervertidos. Los editores y los periodistas han traicionado el deber democrático de servir al pueblo con la verdad y los inundan de mentiras y silencios que convienen a los poderosos. Después del político, el ser más sucio y despreciable del planeta es el periodista vendido.
Las teorías expuestas por Maquiavelo en El Príncipe crearon escuela y fueron incorporadas al derecho en los siglos XVI y XVII. Se establece entonces la equivalencia absoluta entre poder y derecho, lo que equivale a que el derecho queda sometido al poder o a la política. En este periodo aparece el concepto de "razón de Estado", cuyo creador fue Giovanni Botero: "En las amistades y las enemistades, los príncipes se gobiernan según les conviene. Y al igual que algunos alimentos de naturaleza insípida reciben sabor de la sazón que les da el cocinero, así también los príncipes, careciendo por sí mismos de propensión, se inclinan hacia esta o aquella parte, según se adapte al interés de su ánimo y pasión, porque, en conclusión, razón de Estado es poco más que razón de interés".
Desde entonces, la "razón de Estado" campea por el derecho y se entroniza como uno de los núcleos de la política. El político se rige por el criterio de que el Estado debe mantenerse y conservarse por encima de todo, sometiendo a ese principio cualquier otro valor o derecho. El jurista se coloca entonces, irremediablemente, al servicio del Estado y el derecho pasa a depender de la política. El liberal Tocqueville describe así la situación: "En todos los pueblos civilizados, al lado de un déspota que manda se encuentra casi siempre un jurista que legaliza y sistematiza la voluntad arbitraria e incoherente del primero. Al amor general e indefinido por el poder que sienten los reyes, los juristas unen el gusto por el método y la ciencia del detalle del gobierno, que ellos poseen de forma natural [...]. Cuando estas dos fuerzas se cruzan, se establece un despotismo que apenas deja respirar a la Humanidad. Quien sólo tiene la experiencia del príncipe y carece de la del jurista no conoce más que una parte de la tiranía. Es necesario referirse a ambas a la vez para comprender el todo".
Ante esta justicia injusta, el ciudadano justo debe sentirse indignado y luchar. Como decía Henry David Thoreau, "bajo un gobierno que encarcela a cualquiera de forma injusta, el lugar para el hombre justo también es la cárcel".
La España de Sánchez es el paraíso de la depredación política. un mediocre con ojos y comportamientos de psicópata se ha apoderado de la noble nación española, a muchos de cuyos ciudadanos ha pervertido, doblegado, manipulado, aborregado y envilecido, hasta convertirse en dueño absoluto de un poder sin respeto a la libertad que previamente ha asesinado toda vida en la deficiente democracia vigente.
Sánchez es uno de los depredadores más peligrosos del planeta, junto con Putin, Maduro, Raul Castro,, Daniel Ortega y los sátrapas tiranos de China y Corea del Norte, entre otros, pero Sánchez es el más hipócrita de todos y el que mejor ha sabido utilizar la mentira y ala propaganda para engañar a su pueblo y destrozar su nación.
Toda esta mala ralea de depredadores que se han olvidado del bien común y del interés general y ue se han aliado con lo peor de la Humanidad, desde los poderes ocultos al narcotráfico, para dominar al ser humano y acumular riqueza y poder, está destinada a luchar, durante todo el siglo XXI, contra la escasa y débil resistencia ciudadana, la cual, sin embargo, cuenta con armas tan poderosas como la verdad y la crítica feroz a los canallas.
No lo olvides: estamos viviendo en el "siglo de los políticos delincuentes".
Francisco Rubiales
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